
La prueba de la virginidad, era una práctica legal y muy tradicional que se realizaba en el sur de África hasta hace apenas dos años. Cuando se tomó la decisión de prohibirla para las niñas menores de 16 años, hubo una gran protesta de algunos líderes de la comunidad que alegaron que las pruebas de la virginidad animaban a las niñas a practicar la abstinencia y, por lo tanto, a prevenir embarazos no deseados y la propagación del VIH.
Aunque esta prueba continúa realizándose, ¿es fiable? Para la mayoría de la gente, la virginidad se centra en el hecho de mantener el himen intacto pero, esto es un gran mito. En algunos casos, el himen se puede desgarrar con los dedos, con los tampones, con juguetes sexuales, masturbándose o, incluso, en un examen ginecológico. Sin embargo, para otras mujeres todas estas acciones no consiguen romperlo. Hay mujeres cuyo tejido es tan flexible que no se llega a romper ni con la penetración.
El himen varía en forma, tamaño y espesor. Esta “tela” rodea la entrada vaginal entera, con un espacio abierto en el centro (llamado himen anular). La mayoría, no cubren completamente la entrada de forma que el fluido menstrual puede salir del cuerpo. Como ya te hemos contado en otras ocasiones, el propósito fisiológico del himen es uno de los grandes misterios del cuerpo femenino. Aunque no parece tener una función específica, se cree que el tejido permanece como un vestigio del desarrollo vaginal.
A lo largo de la historia, han existido culturas que prohíben la actividad sexual fuera del matrimonio. Algunos de ellos han considerado una prueba de pureza el tener intacto el himen. Esta conexión sigue teniendo hoy en día un gran impacto psicológico y cultural.