
Si ayer te hablábamos de de los azotes, hoy queremos hacerlo de otra técnica muy excitante y más utilizada de lo que piensas: los latigazos. Los latigazos se pueden realizar en un acto de flagelación con un pequeño látigo con muchas “colas” que se puede utilizar en diferentes partes del cuerpo. Sobre todo se suele utilizar en la parte del trasero y en la parte baja de los muslos.
Estas tiras, suelen producir una especie de dolor “seco” de una gran intensidad sexual. Si eres principiante en el tema, deberás comenzar con un látigo de materiales blandos, con colas bastante espesas y los extremos redondeados. Comience azotando suavemente sobre la piel para que la otra persona se vaya acostumbrando a la sensación de ser flagelada.
A continuación, y una vez hayas flagelado unas cuantas veces, recorre la zona con las tiras e tu pequeño látigo formando pequeños ochos en el recorrido. Esta sensación de cosquilleo junto con la de escozor hará que tu pareja comience poco a poco a excitarse cada vez más. Deberás ir averiguando cual es la intensidad que le gusta a la otra persona.
Si os acostumbráis rápidamente a este látigo para principiantes, podéis ir a vuestra tienda habitual y adquirir otro con menos colas y más delgadas. Este nuevo instrumento aumentará vuestra sensibilidad. Recordar que antes de empezar a jugar debéis acordar una palabra de seguridad que avise al otro que debe parar. No lo utilicéis cerca de la cara y menos aún por la zona de los ojos.


























































