
Para conocer esta enfermedad, debemos empezar por su “nacimiento”. En 1985, los científicos descubrieron el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). El VIH es un virus que se transmite de persona a persona a través del intercambio de fluidos corporales como la sangre, el semen, la leche materna y las secreciones vaginales. El contacto sexual es la forma más común de propagación del SIDA, pero también se puede transmitir por compartir agujas al inyectarse drogas o durante el parto y la lactancia.
Dado que el VIH se reproduce, daña el sistema inmunológico del cuerpo y este se vuelve susceptible a enfermedades e infecciones. No se conoce ninguna cura para la infección de esta enfermedad. El síndrome de inmunodeficiencia adquirida, es una condición que describe un estado avanzado de infección por el VIH. El virus va progresando causando la pérdida significativa de células blancas de la sangre (células CD4) o de cualquier otro complemento que protege al sistema inmunológico.
Aunque no hay cura para el VIH, existen medicamentos que disminuyen la capacidad de reproducción del virus. Esto a su vez, ayuda al sistema inmunológico a mantenerse saludable y puede combatir algunas infecciones. Ten en cuenta que estos medicamentos no pueden liberar al cuerpo por completo de la enfermedad por lo que los enfermos pueden seguir contagiando a otros.
Poco después de la aparición de la epidemia del SIDA, se hizo evidente que el VIH era mucho más que una enfermedad. A diferencia de cualquier otra enfermedad, el VIH no sólo afecta a las vidas de las personas infectadas, sino que también afecta al resto del mundo. Muchos consideran a esta enfermedad como el problema de salud pública más importante de nuestros tiempos.


























































