
A todos nos ha pasado; comienzas a notar la tensión de tus músculos, como el placer es cada vez más intenso y, de repente, todo desaparece sin alcanzar el deseado clímax. El problema es la distracción cognitiva. Todos sabemos que como no nos concentremos en lo que estamos haciendo, nada puede salir bien (incluido el sexo).
Cuando un pensamiento intrusivo o negativo nos viene a la cabeza, puede ser casi imposible superarlo, lo que hace que el orgasmo desaparezca y nos quedemos peor de lo que estábamos. Las mujeres son especialmente propensas a tener esta mala suerte. Tareas pendientes entre las que se encuentran cosas laborales, son las principales causas de la pérdida del orgasmo. Una vez que el monólogo se pone en marcha, es difícil pararlo.




























































